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El ostracismo fue en la antigua Grecia un método de castigo popular, no contenía pena judicial, pero sí que era una medida de protección ante tiranos y demagogos. Los ciudadanos escribían los nombres en un trozo de cerámica o en la concha de una ostra, (de aquí su nombre) y en reunión y votación decidían desterrar o apartar de la vida pública a aquellos políticos de malas praxis.
Como ya es sabido, el relato de la historia también ha tenido en reiterado ostracismo la figura y relevancia de la contribución de las mujeres en los ámbitos científicos, artísticos y sociales.




Un claro y lamentable ejemplo es el ninguneo del papel importante de las pintoras en el periodo del estilo impresionista.
Respetadas por sus colegas masculinos contemporáneos que admitían y reconocían la influencia de la sensibilidad de sus temática y calidad técnica, no fueron tratadas justamente por crítica, sociedad ni crónicas posteriores.
Como pequeño tributo os mencionaré a estas cuatro artistas que convivieron con figuras como Monet, Manet, Degas, Van Gogh, etc.:
- Eva Gonzales, (Francia), 1849-1883
- Berthe Morisot, (Francia), 1841-1895
- Marie Bracquemond, (Francia) 1840-1916
- Mary Cassatt, (EE.UU), 1844-1926
