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Dalí y sus «invisibles»

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Dalí y sus «invisibles»
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En el mundo del arte, especialmente en el literario, la palabra «negro» se utiliza para designar aquellos artistas que trabajan en el anonimato, invisibles, a oscuras para otros, que son los que se llevan la fama.

Eso ocurre y ha ocurrido en todas las artes, pintura, literatura, gastronomía y en actividades como la investigación, etc.

Dalí no fue una excepción y, entre otros, contó con Isidro Beà, un leridano que durante casi treinta años se encargó de fondos, perspectivas, revisiones, etc. de las obras del genio ampurdanés. Nacido en Torres de Segre en 1911, pintor escenógrafo, trabajó en la mayoría de sus grandes obras.

Una máquina trabajando y discreto, muy discreto. Permitió durante esos años los fastos y fiestorros continuos de su jefe. Tenía las espaldas cubiertas.

A partir de entonces cualquiera, medianamente entrenado, puede descubrir dónde está la mano del uno o del otro.

“Dalí, gran admirador de Vermeer, de Rafael, de Velázquez… ya de niño adorador del teatro óptico de su maestro Traiter, se veía impotente para representar de una manera satisfactoria la tercera dimensión… De ahí su obsesión y el empleo de argucias como fotografías proyectadas, calcos y ayudantes técnicos como el aparejador de Cadaqués Emilio Puignau, a partir de 1948, y del escenógrafo Isidoro Beà durante el resto de su vida artística. Es impresionante descubrir que, a partir de Beà, sus telas son cada vez de mayor tamaño, con perspectivas audaces y complejidades.”.


“Picasso y Dalí. Rudimentos tramposos de geometría espiritual” Ricard Mas
Beà, Dalí y Gala
Beà, Dalí y Gala

Poco antes de morir, en 1995, Beà, reconocería:
”Les había llevado mucho tiempo lograr el éxito (a Dalí y Gala) y, tras conseguirlo, no pensaban regalarle nada a nadie. Así eran ellos. Me cogieron como asistente y Dios sabe que trabaje mucho. Era una especie de robot imbuido por Dalí”.

Dalí le adecuó una pequeña barraca junto a la casa, donde trabajaría en jornadas interminables los siete días de la semana. Posteriormente, y tras la insistencia de Beà, consintió que librase los domingos para poder asistir a misa y descansar, pues era cristiano practicante.

Beà como obispo
El descubrimiento de América-detalle
El descubrimiento de América, Dalí, 1959 Salvador Dalí Museum, St. Petersburg


En un pequeño reconocimiento a su labor lo representó como San Narciso en uno de sus cuadros más majestuosos «El descubrimiento de América por Cristóbal Colón» (410cm x 284cm).

Quizás nos sorprende el recurso de ayudantes de estudio, pero no olvidemos que durante siglos los artistas se habían servido de aprendices, discípulos y otros pintores. Destacaría la figura de Rubens, que creó una auténtica factoría, una especie de cadena de montaje, en el siglo XVII. Muchas de sus obras solamente las veía en el momento de la firma.

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